Todos los pueblos son Macondo.
Hay
pueblos que no son comunes a los demás, que son distintos, que son diferentes, podemos decir que son raros. No hay palabras
para definirlos, solo para describirlos.
Son de esos lugares donde el tiempo
parece detenerse, donde cada persona se convierte en un personaje, con una distinción y una existencia que lo hacen memorable para la gente de su pueblo. Hay
lugares así, sin un nombre famoso, desconocidos y perdidos en la geografía de
un inmenso país, pero llenos de historias que se escriben cada día. Son de esos pueblos que son como mundos raros, con nombres raros, tan
raros que casi nadie sabe su
significado, con caminos solitarios y pedregosos, llenos de polvo rojo, con
arbustos secos y un cielo azul, con atardeceres naranjas y nubes de borrego,
con árboles de colores que distinguen al exótico trópico. Con gente sin nombre,
desposeída de lo que no se necesita, olvidada en el tiempo, en el espacio, que
vive en la única calle que existe, ahí donde la
niñez transcurre sin darse cuenta y
donde la vejez los alcanzó junto con quienes se quedaron para siempre. Son de esos lugares que
decidieron no tener un nombre
relumbrante, que no son famosos, que son tímidos como escondidos en los
rincones, donde todas las personas escriben a diario su historia mágica, ahí donde
nacen los escritores, los poetas, los músicos, los cantadores. Ahí donde la
filosofía tiene su origen en el despertar cada día, donde cada quien es
importante, donde los abuelos decidieron quedarse a vivir, donde los conflictos
existenciales no existen como el tiempo, así se pasa
desapercibido, donde lo importante se reduce a un café en la mañana, a un
chocolate en la tarde, a un saludo, a un abrazo. Ahí en esos pueblos donde la
gente se reúne para escuchar las historias que son para contarse y que se seguirán contando por muchos años de
generación a generación. Todos esos pueblos son Macondo, sí, como el de José
Arcadio Buendía, el de
los Cien años de Soledad, perdidos entre la nada de esta hermosa Latinoamérica.
Carlos Sandy .
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