La Calle y la Mar.
I
Como esa luz que te despierta
en la mañana
ese aliento que te
llena,
esa caricia que te
agrada,
esa palabra que
reconforta,
el agua, el río, la
mar,
la inmensidad del
universo,
la sonrisa que rompe
una lágrima,
la distancia, la compañía,
la soledad negada,
el instrumento, la sinfonía,
el aroma, la paz, la
plenitud, la alegría,
el camino correcto,
la montaña,
esos días de lluvia,
noches de niebla,
el verde otoño,
como cada milagro,
nada hay que
explicar.
II
Me gustan los cafés que
contienen las palabras perdidas,
los sueños
adolescentes,
las noches de
soledad,
las nubes grises,
los días de frío,
las canciones
nocturnas,
el silencio, lo
amargo y fuerte,
la oscuridad que
enamora,
la vida misma.
III
¿Acaso existen palabras para calmar ese triste sollozo?,
esas lagrimitas
ahogan ese pequeño corazón,
que no se explica la
ausencia,
que no entiende el ya
no estar de su universo,
que ahora ese
recuerdo será más fuerte cada día,
que las historias se
quedaron para siempre,
que el amor es eterno,
que eso ya nadie lo
podrá cambiar.
IV
Eres luz de noche,
luz lejana de otro
tiempo,
de otra galaxia,
polvo cósmico que
retorna a mi cada día,
fulgurante, avasallante,
preciso destello del
alma,
inquietante, aniquiladora,
sin piedad,
así eres tú.
V
Eres de la mar,
eres ese destino que
llama,
la fuerza que atrae,
el abrazo que espera,
el lugar para llegar,
puerto seguro,
eres el anhelo de
cada día,
eres respuesta a esa
oración compartida,
eres calor de verano,
viento de otoño,
contradicción eterna,
eres esa geometría perfecta
que solo espera
reencontrarse otra vez.
VI
Cada frase, cada latido,
cada abrazo quedará
en la eternidad,
vibrando a cada
instante como una ola sin freno,
sin descanso, sin
parar,
en un eterno retorno,
en ese viaje largo,
en aquel solsticio de
verano,
eres ese atardecer
que llena de luz el horizonte,
la mar de verano,
intensa e implacable,
ola constante sobre
mi ser.
VII
Son de esas veces que soñaste
siempre,
de esas veces en las
que el tiempo no importa,
donde no hay
distancias,
de esas veces que son
irrepetibles,
de las que se
encuentran una sola vez,
que parecen sin
sentido,
sin razón,
cercanas a la locura,
que te arrancan
sonrisas en silencio,
son de esas veces que
saben a café, tabaco y ron.
VIII
Tengo solo una canción para escuchar mil veces,
una taza de café,
una charla absurda,
una vieja fotografía,
ese lugar donde te
refugias,
una mano extendida,
el frío de la madrugada,
y esa lágrima furtiva
de cómplice
que cae sobre la mar.
IX
Todo es diferente,
nada es igual,
no sabías de la mar
dentro de ti,
de las tormentas,
de la fuerza que
golpea tu ser,
de las llamas que
consumen,
del silencio,
de la soledad,
nadie te dijo de esas
palabras que enmudecen,
del viaje largo
de la oscuridad,
del pensamiento callado,
de ese instante divino
de volver a nacer.
X
Extraño esos lugares que son
parte de ti,
esa cabaña,
el café de la esquina
tu sonrisa que como
flecha me atraviesa,
tus incoherencias,
tus locuras,
tu baile en la arena,
la isla mágica,
aquel restaurante de
carretera,
el paraíso de verde jade,
esa banca donde mirábamos
la mar,
esa música que nos
libera el cuerpo,
los días de vino,
de ser,
de estar ausentes,
de aquellos días sin
amarte.
XI
Cada día te llenas de esperanzas,
de sol al
amanecer,
de brisa suave,
de la palabra que
reconforta,
de esos viajes a
lugares lejanos,
de música,
de letras,
de sueños que
cumplir,
de milagros,
de nada,
de tazas de café,
de recuerdos de los
mayores,
de sonrisas,
de abrazos filiales,
de sabores,
de la calle mojada,
te llenarte sin darte cuenta de patria cada día.
XII
Siempre existe aquella
primera vez,
cuando miras en
silencio,
esos momentos de
coincidir,
de caminar hacia el
sol,
hacia la mar,
hacia el destino,
sin tiempo, sin
prisa,
como la cosa celeste
que se mueve por el universo,
como ya está inexorablemente
escrito.
XIII
Hay días de batallas
interminables,
días de desfallecer,
de levantarse y
seguir,
de caminar,
de soledad,
días de silencio,
días de lluvia,
grises, fríos,
días de guardar,
de esperar,
de canciones nocturnas,
días para escribir
esas historias,
de la calle y la mar
jamás contadas,
días de abrazos
perdidos,
hay días solo para
vivir.
XIV
Amanece,
estas ahí,
como siempre,
acostumbrado al vacío,
a la rutina,
al abrazo de ese pequeño ser que te ama sin
condición,
sin razón,
solo su calor será suficiente
para estar bien,
luego el protocolo,
la oración, el sol, la luz, el nuevo día,
la marcha hacia lo desconocido,
hacia el día, hacia la hora,
hacia ese momento que nunca esperas,
vas con paso firme, decidido,
nada te detiene,
tal vez así debía ser,
no lo sabes,
nunca lo sabrás,
nunca lo entenderás,
volverás desde el principio,
repasarás cada instante,
cada momento,
como una regresión,
todo como siempre,
haciendo sin pensar lo que vendrá,
lo que te espera,
lo que te acecha sin contemplación,
sin recato, sin escrúpulos
sin medida, sin ética,
sin estética, sin moral, sin piedad,
de pronto esta frente a ti,
sin tiempo de nada, sin reloj,
es la hora que no sabes que llegará,
frente a frente,
de pronto la disyuntiva,
la diatriba, ahí, derrumbando todo,
quebrando, agotando,
masacrado
cada segundo,
cada instante eterno, lento
deteniendo el tiempo,
frente a la vida,
sin saber que seguirá,
que sucederá,
como una oleada,
como el vaivén del columpio del bien y el
mal,
atravesando aquel túnel obscuro,
esperando ver la luz,
rogando volver a ver lo que amas,
lo que eres, lo que sueñas,
así, duro, sin piedad,
en el suelo como pájaro herido,
inerte, esperando lo que no esperas,
resignado,
nunca estarás resignado,
destrozado,
clamas, bendices, respiras,
tus latidos son fuertes,
te rompen el pecho, rápidos,
como galopando,
como gritos, como llanto,
como angustia reprimida,
todo pasa, vuelves a respirar,
vuelves a sentir,
nada se explica,
todo pasó,
sólo sabes que después de eso ya nada será
igual.
parto del ser,
te dolerá inimaginablemente,
llorarás desde dentro, desde el fondo,
con las alas rotas, con un hueco en el pecho,
te revolcarás, te desconocerás,
te romperás en mil pedazos,
te arrancarás la piel,
será necesario sufrir, gritar, derrumbarse,
quebrarse,
será necesario, será pertinente,
pero nada será suficiente,
así es la vida misma.
El Callejero.

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