Camila . Cuento

 Camila .

Un día  cuando Luna  caminaba hacia su casa después de regresar de visitar a su amiga, se encontró en la calle con una perrita de color blanco y negro, movía la colita muy alegremente. Miró a su alrededor para ver  si tenía dueño, pero la calle estaba desierta, no parecía tener dueño y si estar extraviada. No traía collar de identificación pero tampoco parecía ser callejera, seguramente estaba extraviada. Luna decidió llevarse a la perrita a su casa.

Cuando sus papás la vieron le dijeron que no podía quedarse con ella ya que no les gustaban tener perros en su casa. Ella se entristeció mucho, les explicó que la encontró extraviada, sin dueño y les pidió permiso para quedarse con ella mientras  encontraba a quien pertenecía. Ellos aceptaron con la condición de que en el momento que supiera quien era la dueña devolviera a la perrita. Mientras pasaban los días sus papás aceptaron que la adoptara ya que no habían  aparecido los dueños. La perrita era adorable, le compró su taza de comida, un suéter y sus croquetas.

 La llevó a revisar al veterinario a Petco, le explicaron que era de la raza Boston Terrier y los  cuidados  para su alimentación y sus vacunas. Decidió ponerle de nombre   Maya. Jugaba con ella y la alimentaba a diario. Maya estaba alegre con Luna. Cierto día caminando por su colonia Luna descubrió un cartel pegado en un poste que decía” Se recompensará a quien de informes de una perrita que se perdió por esta colonia, su dueña la extraña mucho,  la perrita se llama Camila, atentamente Libi. ”. Venía un número  telefónico  de contacto y la foto de la perrita que se llamaba Camila. Era idéntica a Maya, sin embargo ella dijo “se parece pero no es ella, no es Maya “.

Una semana después Luna se encontraba en el parque caminando y observó a una niña pecosa sentaba en una banca  que estaba triste. Se acercó y le pregunto cómo se llamaba y  qué le pasaba, ella le contestó “me  llamo Libi y perdí a mi perrita, la extraño mucho”.
Se levantó la niña y observó como de su mochilita iba sacando hojas que iba pegado en los árboles y postes, era el mismo aviso que había visto días antes en toda su colonia.

 Al paso de los días, Fernanda encontró muchos avisos por todas partes, su calle estaba inundada de ellos. Entonces empezó a pensar que Maya era la perrita que se había perdido y que la niña Libi era su dueña. Eso la hizo sentirse mal, sabía que la niña lo extrañaba mucho ya que se lo había dicho y que la perrita seguramente era de ella. No sabía si quedarse callada o decir la verdad. Si se quedaba callada podía quedarse con la perrita, si decía la verdad tendría que devolverla a Libi la dueña de Camila.

 Estuvo pensando mucho que hacer hasta que se decidió y  consultó con su mamá, le explicó  lo que pasaba y que seguramente la niña que había conocido en el parque era la dueña de la perrita.

Su mamá le aconsejó que llamara a ese número y que permitiera que la niña viera  a la perrita ya que no era correcto que conservara algo que no era suyo. Luna aceptó y llamó a Libi, se citaron en el parque y ella llevó a Maya. Cuando Maya vio a Libi   y ella la llamó por su nombre corrió hacia ella muy alegre y la niña la abrazó con mucho amor, sin duda era la perrita extraviada que estaban buscando. Luna se alegró, sabía que estaba haciendo algo bueno y que la perrita regresaría a su casa después de estar extraviada. Libi la tendría de vuelta a casa y serian felices juntas.

 Luna no aceptó recompensa por entregar a Camila, solo le pidió a Libi que la dejará verla cada semana. Después de esto a Luna sus papás  le dieron permiso de tener a su propia mascota, había demostrado ser una buena niña.  Luna había actuado con apego a la verdad y eso le había funcionado muy bien.

El Callejero

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